LOS GRANDES COMERCIANTES ASTURIANOS DENTRO DE LA DINAMICA COMERCIAL DE LA REGIÓN CIENFUEGUERA. (1880 – 1920). APUNTES PARA SU ESTUDIO.

Autor: MSc. Alejandro García Rodríguez.

LAS SOCIEDADES MERCANTILES DE ORIGEN ASTURIANO Y SU EVOLUCIÓN HISTÓRICA.

En las ciudades portuarias cubanas se formaron fuertes grupos de comerciantes, los cuales resultaron determinantes para la vida económica municipal, y en algunas ocasiones, alcanzaron trascendencia nacional. Ese es el caso del puerto de Cienfuegos, al cual afluía todo género de productos de importación, a la par que se exportaba azúcar a gran escala, no solo los producidos en el territorio de la actual provincia, sino que era depositario de azucares y mercancías de una amplia zona que rebasaba los límites de la región.

Cienfuegos, al igual que la Habana, más que plaza productora era una plaza distribuidora de las mercancías importadas de otros países (Estados Unidos, Inglaterra, España y Alemania, principalmente) y de esa distribución, se encargaban los grandes comerciantes polivalentes establecidos en la región a través de importantes sociedades mercantiles, muchas de ellas representadas y / o gerenteadas por asturianos.

La revista Bohemia del 5 de mayo de 1912 en un artículo dedicado a Cienfuegos publicaba: “ El comercio constituye la fuerza y la vida de Cienfuegos. El es quien da vigor y esperanza a la ciudad (...). Hasta ahora Cienfuegos es una plaza casi exclusivamente comercial”.

Dentro de ese gran grupo de comerciantes se insertan los asturianos, quienes se venían estableciendo en la región desde 1840. El Fígaro de agosto de 1904 expresaba sobre ellos: “ ... seres sanos de alma y de cuerpo, que constituyen la mayor palanca del comercio antillano; son tantos aquí en número que, difícilmente, si se investiga en un centro de trabajo cualquiera, no aparezca un asturiano”.

Podríamos decir que el desarrollo comercial de los asturianos establecidos en Cienfuegos tiene sus orígenes en aproximadamente en 1850, regido por la gran burguesía comercial polivalente, donde se imponen las grandes casas comerciales importadoras y exportadoras que actuaban como intermediarias del comercio exterior, ejerciendo funciones banquero- refraccionistas y actuando además como agentes de seguros y consignatarios de buques. Las firmas más representativas de este período fueron: Castaño- Intriago y Cía, García y Cía, Villar y Cía. , Suero Balbín y Valle S. en Co, Cardona y Cía, Llovio y Cía. S. en Co, Hartasánchez y Sobrinos, Amador Bengochea y Cía, entre otras menos importantes.

La entidad comercial más antigua - de la cual tenemos referencia- en la que toma parte un asturiano, fue la creada por los señores Nicolás Castaño Capetillo (vasco) y el astur Antonio Intriago Toraño, surgida aproximadamente entre los años 1857 y 1860, sociedad que se mantuvo en activo hasta la muerte de Antonio Intriago ocurrida en 1886. La empresa prosperó rápidamente, convirtiéndose en una de las más importantes de su tiempo, a tal punto que en el momento de su disolución contaba con un capital social de 1 millón 200 000 pesos, correspondiendo la mitad a cada uno de los socios. La Casa Comercial gozaba de gran crédito dándose el caso que mientras Tomás Terry cerraba el crédito para todas las corporaciones, a Castaño e Intriago continuaba vendiéndole cargamentos enteros, también poseía créditos con las casas Czarnikof Rionda Co, entre otras. Dado el prestigio comercial, financiero, y por ende social de que gozaba, fue la primera entidad comercial de la región cienfueguera que contó con servicio telefónico – junio de 1882 -

La firma no se limitó a ejercer el comercio de importación y exportación en la región, sino que invirtió sus capitales en la industria azucarera, trascendiendo incluso los límites de la jurisdicción cienfueguera como es el caso del Central “ Dos Amigos”, establecido en Campechuela, Manzanillo en 1884. La sociedad que explotaba el mencionado central se radicó en Cienfuegos bajo el nombre de Sociedad Agrícola y fabril F. Aldereguía y Cía, donde Castaño- Intriago actuaba como socio comanditario aportando un capital de 46 702 pesos, hecho que demuestra la capacidad de los comerciantes cienfuegueros y dentro de ellos los asturianos establecidos aquí para financiar el proceso de implantación de los Ingenios Centrales, actuando de forma directa en el proceso de concentración y centralización de capitales. La sociedad Castaño – Intriago era propietaria en 1888 del ingenio Silverita, establecido en la región cienfueguera.

  García y Cía Sociedad en Comandita , casa dedicada a la compraventa de víveres, al por mayor y menor, importación y exportación, comisiones, refacciones y operaciones de banca, fue otra de las firmas “pioneras ” donde estuvo presente un asturiano, nos referimos a José García de la Noceda Martínez quien llegó a Cienfuegos a mediados del siglo XIX procedente de Venezuela como simple cocinero, se establece como dependiente y bodeguero, asociándose posteriormente a la firma de Castaño e Intriago donde laboró como socio hasta que en 1878 se considera lo bastante fuerte como para establecerse por su cuenta junto al santanderino Esteban Cacicedo Torriente, fundando su propia casa comercial, legando a la ciudad un edificio que sería con el tiempo, un paradigma de la casa - almacén cubana del siglo XIX en el interior del país .

A la muerte de García de la Noceda (1886), su hermano Manuel queda como único heredero y pasa a formar parte de la compañía como socio comanditario . El 13 de abril de 1895 se renueva la sociedad con ciertas modificaciones, cambia su nombre por Cacicedo y Cía y el asturiano Alejandro Suero Balbín entra a la misma como socio gerente al igual que Esteban Cacicedo, mientras Manuel continua en calidad de comanditario y residiendo en Asturias. La compañía giraba con un capital social de 150 000 pesos oro español . Bajo el nuevo nombre la firma realiza operaciones bancarias importantes, efectuando pagos por cables, girando letras a corta y larga distancia, dando cartas de créditos sobre Nueva York, Nueva Orleans, Filadelfia, Londres, París, Lisboa, Oporto, Madrid, Barcelona y demás capitales de la península Ibérica, así como Islas Canarias y Baleares.

La firma Suero Balbín y Valle fue una de las más importantes en su tiempo, constituida en 1902 con la participación de los astures Alejandro Suero Balbín y Acisclo del Valle como gerentes y el santanderino Esteban Cacicedo como comanditario, dedicándose a la compraventa de víveres al por mayor y menor, su importación y exportación, comisiones de todo género, refracciones de fincas y operaciones de banca. Contaba la sociedad con uno de los capitales más fuertes del país; en 1902 presentaba un capital social de 275 000 pesos oro español, aportados por los tres socios: 50 000 Suero Balbín, 25 000 Acisclo del Valle y 200 000 E. Cacicedo.

La sociedad es prorrogada y modificada en 1907, a la cual entran como socios comanditarios los herederos de García de la Noceda , quienes aportan al capital social la suma de 25 000 pesos oro español cada uno, mientras que Suero Balbín aporta 175 000, A. Valle 125 000 y Cacicedo 100 000, lo que suma un capital social de 500 000 pesos .

En 1912 Esteban Cacicedo decide separarse de la firma quedando la misma netamente en manos asturianas pues se mantienen como gerentes A. Valle y A. Suero Balbín y como comanditarios los herederos de García de la Noceda. Para ese entonces la firma ha aumentado su capital social a más de 1 millón de pesos oro español. Las ganancias se distribuían: el 50% para los gerentes y el otro 50 % se repartiría según el capital aportado por los socios (500 000 Suero Balbín, 400 000 A. del Valle y 25 000 cada uno de los sobrinos de García el Moro.

Al morir Acisclo – diciembre de 1919- la firma se modifica y pasa a llamarse Alejandro Suero Balbín y Cía Sociedad en Comandita. En julio de 1920, debido a las grandes perdidas sufridas con la especulación de azúcares, la firma se ve obligada a liquidar la sociedad para pagar las deudas que ascendían a más de 5 millones de pesos, desapareciendo así una de las casas comerciales más importantes de la región cienfueguera.

Alejandro Suero Balbín y Acisclo del Valle Blanco fueron dueños de inmensos almacenes y muelles marítimos , fincas destinadas al depósito de mercancías, líneas férreas, propietarios del central San Lino , uno de los de mayor productividad en la antigua provincia de Santa Calara.

Acisclo, en 1919 tenía invertido su capital en negocios de azúcar no solo en el central San Lino, también era accionista de la West Indian Sugar Corporation y en la Cía “Refinería de Azúcar de Cienfuegos”. En la rama industrial era accionista y presidente de la Sociedad Cienfuegos Industrial S.A., accionista de la S.S Hidroeléctrica Trinidad ($15 300), acciones en la Madruga Petróleo and Company, acciones en la Cía Editora Tipográfica de Cienfuegos y en el diario La Correspondencia ($ 1 000). En el giro comercial era socio comanditario de varias sociedades mercantiles: poseía acciones en la Compañía Nacional de Vinos y Licores de la Habana ($ 100 000), en la sociedad mercantil Villa de Caibarién ($40 000), en la sociedad Hernández y Hermanos radicada en Colón ($ 50 000), en Hernández y Cía de Jovellanos (17 500) y algunas otras en Cienfuegos.

En las compañías de seguros tenía invertidas fuertes sumas de dinero como en la Compañía de Seguros y Finanzas de Cienfuegos , de la cual fue el primer presidente, donde poseía 50 acciones valoradas en 6 000 pesos, mientras que en la compañía de seguros sobre accidentes “Unión Agrícola Industrial” poseía 55 acciones, estimado su valor en 7 500 pesos.

 

En lo referente a bienes raíces, Valle era propietario de un gran número de fincas y paños de terrenos en los barrios urbanos de Punta Gorda, Playa Alegre, Reina, la Calzada , la Juanita y lo que es hoy el Centro Histórico Urbano de la ciudad; también poseía propiedades en el barrio rural de Caunao, así como varias fincas en Yaguaramas. Fuera de los límites de la región cienfueguera, era propietario de terrenos e inmuebles en Manicaragua, Caibarién, Santi Spíritus y Ciego de Avila.

Por su parte Alejandro Suero Balbín que antes de establecerse en Cienfuegos había consolidado un fuerte capital en Ciego de Avila, mantuvo sus negocios en esa localidad por intermedio de apoderados, negocios que estaban centrados – según declaraciones de su nieta Berta- en exportación de maderas, almacenes de ropa, ferretería y víveres; cría y ceba de ganado, además de un establecimiento de dulcería – panadería, en el cual centró todos sus esfuerzos tras el golpe económico sufrido por él en 1920 . El establecimiento de la panadería tuvo gran reputación en todo el distrito de Ciego de Avila, hizo famosas las galletas “ Balbín”, pedidas en todo el país.

Otra de las firmas comerciales importantes de la época done intervienen los asturianos es Cardona y Cía, Sociedad en Comandita , casa fundada en 1882 por los astures Manuel Hartasánchez Romano y Antonio Intriago Toraño, el Catalán Gabriel Cardona y el Vasco Nicolás Castaño con el nombre de Hartasánchez, Cardona y Cía. Teniendo como gerentes a M. Hartasánchez y a G. Cardona, dedicada al comercio de víveres y ropa al por mayor menor y transacciones bancarias.

En 1891 la sociedad es transformada debido a la muerte de uno de sus gerentes el señor Gabriel Cardona, por tal motivo pasan formar parte de la misma la viuda de Cardona –Fernanda Forgas- con un capital de 153 668 pesos, Gabriel Cardona Forgas, quien aporta 32 874 pesos y ocupa la gerencia junto a Manuel Hartasánchez (108 570 pesos) y Vicente Fernández (27 954 pesos); Nicolás Castaño estaba representado en la firma comercial con un capital de 171 206 pesos. El capital social de la Cía era para ese entonces de 484 273 pesos oro español .

En julio de 1902 se disuelve la sociedad mercantil de Hartasánchez y Cardona para crearse una nueva que giraría con el nombre de Cardona y Cía, a la cual se unen nuevos socios en calidad de gerentes, como es el caso de los asturianos Modesto del Valle Blanco y Faustino Hartasánchez Gutiérrez quienes aportan la suma de 25 000 pesos respectivamente, también se incorporan Juan Cardona Forgas ($ 21 000) y su hermana Francisca ($ 16 000) en calidad de comanditarios. La firma operaría con un capital social de 540 000 oro español .

Tras la muerte de Manuel Hartasánchez Romano (1910) la sociedad sufre transformaciones pues los herederos de Hartasánchez figuran en el lugar de su padre como socios comanditarios, representados en Cienfuegos por Manuel Hartasánchez Gutiérrez . Al realizarse el balance de la compañía en ese año, la misma poseía un capital activo de 1 475 266 pesos y un pasivo de 507 089 pesos .

Dominga y sus hijos tras algunos años de participación en la sociedad mercantil, se retiran de la misma el 16 de agosto de 1916.

La sociedad no limita sus operaciones a la región cienfueguera, pues posee propiedades en la vecina región azucarera de Sagua la Grande , el astur Modesto del Valle en representación de Cardona y Cía forma junto al trinitario José Torrado y el Cienfueguero Ricardo Martínez en 1903, una sociedad agrícola industrial y mercantil con domicilio en Cienfuegos denominada “ Torrado, Martínez y Cía” para explotar el central “El Salvador” con sus potreros y fincas anexas ubicado, en Quemado de Güines, Sagua la Grande , así como a la siembra de caña y elaboración de frutas y a la compraventa de una y otra, además distribuía sus mercancías por toda la provincia de Santa Clara y sus préstamos bancarios llegan hasta la ciudad de Ciego de Avila .

Cardona y Cía, es disuelta el 27 de diciembre de 1925 con un capital social de 1 millón de dólares, entre capital activo y pasivo.

Bengochea y Cía Sociedad en Comandita : Firma que gozó de fama y prestigio dentro de la región cienfueguera, formando parte así de la elite del comercio regional. El patriarca y fundador de esta sociedad fue el asturiano con apellido vasco Amador Bengochea Muñiz , quien arribó a Cienfuegos aproximadamente en 1888, laborando como dependiente del comercio, bodeguero y almacenista de víveres, giro en el que buriló, a golpe de tesón y esfuerzo una considerable fortuna, la cual le permite en 1912 asociarse con Cardona y Cía, formando así una sociedad comanditaria.

La empresa mantendría el nombre de Bengochea y Cía, dedicada al comercio al por mayor y menor de víveres. Radicaba el establecimiento comercial en un almacén ubicado en la Calzada de Dolores esquina a calle Medio – donde antiguamente radicó la firma de Cardona y Cía.-. El capital social de la firma fue en sus inicios de 35 000 pesos oro español; 25 000 aportados en efectivo por A. Bengochea y 10 000 por Cardona y Cía, aportados en mercancías .

La asociación comanditaria entre Bengochea y Cardona y cía se disuelve el 17 de mayo de 1918. Al liquidar la empresa, esta poseía un activo de 196 265 pesos, un pasivo de 58 317 pesos. Cardona y Cía se retira de la firma con 11 016 pesos en efectivo por utilidades y 37 947 por concepto de capital invertido. A Amador Bengochea le correspondió 116 517 pesos, suma que se pagó con la adquisición del almacén ubicado en la Calzada de Dolores con sus mercancías, efectivo en caja y en el banco, los créditos activos y pasivos, las acciones y bienes inmuebles que formaban la compañía.

Hasta el momento hemos visto seis casas comerciales de gran prestigio en la región cienfueguera, todas dedicadas a la importación y distribución de víveres; pero ésta no era la única vertiente del comercio a la que se dedicaban los grandes comerciantes asturianos establecidos en la “Perla del Sur ”. El comercio de quincalla, perfumería y tejidos fue otra de las ramas en que los astures invirtieron sus capitales, y en ese giro, la firma de Vicente Villar y Cía fue la más importante de la región.

La razón social de Villar y Cía. se constituye el 8 de enero de 1878 integrada por el asturiano Vicente Villar del Valle como gerente y Galo Díaz de la Hoya – natural de Alava- como socio comanditario. Compraron a Genaro Rodríguez Mier y a Manuel Merás- ambos asturianos- el establecimiento de quincalla El Palo Gordo , casa con el # 22 de la calle San Fernando para fundar la sociedad mercantil con el objetivo de dedicarse a la compraventa al por mayor y menor de efectos de quincalla, prendería, joyería y papelería. El capital inicial de la sociedad fue de 12. 000 pesos distribuidos de la siguiente forma: Galo Díaz de la Hoya 9.000 pesos y Vicente Villar del Valle 3.000 pesos.

A partir de 1888 entran dos nuevos socios a la compañía, ellos son: Francisco Villar del Valle , hermano del gerente y Salvador Aja, ambos con plenos poderes para regir la administración de la Cía. En 1908 se prorroga la sociedad a la cual entran a formar parte como socios comanditarios los asturianos Manuel García Inclán y José Alabau Villar, este último sobrino de los hermanos Villar del Valle. En ese año el capital social de la Compañía era de 85 000 pesos y el de utilidades de 21. 332 pesos, para un total de 106 332 pesos oro español.

El Palo Gordo alcanzó fama a todo lo largo del territorio de la antigua provincia de Las Villas y llegó a convertirse en uno de los más temibles rivales del giro con quien tenían que luchar sus similares de la capital. El Fígaro de agosto de 1904 publicaba “ ..... siempre que se trate de obsequiar un objeto de arte, en una prenda costosa o en un capricho de la fantasía (...) el impulso inmediato es dirigirse al Palo Gordo, seguros de encontrar allí amplia satisfacción al deseo de los obsequiantes

En 1948 José Alabau Villar –gerente de la firma desde 1925- decide realizar un trato con la cadena norteamericana Sears, por lo cual dicha Compañía sustituye a Villar y Cía. Así concluyen 126 años de la historia de El Palo Gordo en manos de comerciantes españoles y un poco más de 70 en manos asturianas, para iniciar algo más de una década de dominio norteamericano, desapareciendo así lo que podríamos llamar el último reducto de las grandes firmas comerciales cienfuegueras con participación asturiana.

Vicente Villar, al igual que sus coterráneos del giro de los víveres, poseía otras fuentes de ingreso que lo convierten también en un comerciante polivalente: en 1901 compra tipográfica llamada “ Imprenta Mercantil ”, por esa fecha ya era propietario del inmueble donde radicaba el establecimiento comercial “ El Palo Gordo ” –el cual rentaba por cien pesos mensuales -, además poseía numerosas casas y paños de terrenos distribuidos en el centro de la ciudad y en el Paseo de Arango. Era además agente de los vapores correos de la Trasatlántica Francesa y de la compañía de seguros “ La Unión Comercial.”

REDES DE SOLIDARIDAD DENTRO DE LAS GRANDES FIRMAS COMERCIALES ASTURIANAS.

El trasvase de negocios de tíos a sobrinos, o de familiar o amigo que ha reclamado al joven para que lo ayudase en el negocio, no está exento de explotación. Explotación que el joven acepta como única forma de supervivencia, en un primer momento, y del posterior futuro ascenso. De esta manera el nuevo emigrante no hace otra cosa sino reproducir el sistema al que tradicionalmente le habían venido sometiendo los mayores. La identificación de un individuo con un grupo étnico requiere alguna adhesión de éste a las normas del grupo, a su forma de pensar y de actuar. Y en algunos casos, cuando el grupo es fuerte y por tanto exige más conformidad, el individuo acepta sus reglas como medio para lograr los beneficios.

Bajo esas condiciones se van estableciendo los asturianos en Cienfuegos aproximadamente desde la década de 1840 y aumentando su número paulatinamente, haciéndose cada vez más numerosos y más fuertes como grupo regional, grupo que va a ejercer, una poderosa influencia económica y política, dentro de la sociedad cienfueguera a todo lo largo del período colonial y las primeras décadas del siglo XX.

Fue Antonio Intriago Toraño, el primer asturiano establecido en Cienfuegos que, logró consolidar su posición social por intermedio del comercio de exportación e importación, posición que se reafirma al asociarse al vasco Nicolás Castaño y crear la razón social de Castaño- Intriago Sociedad en Comandita. Esta firma como ya se ha expuesto anteriormente fue por decirlo de alguna manera la “matrona” de las grandes casas comerciales con participación asturiana . Intriago acogió en su firma al también asturiano José García de la Noceda , quien laboró junto a él hasta que en 1878 se considera bastante fuerte como para establecerse por su cuenta junto al santanderino Esteban Cacicedo fundando la casa comercial García y Cía.

Es en la propia firma de Castaño - Intriago donde da sus primeros pasos, el después prestigioso comerciante Acisclo del Valle Blanco, quien llegó a ser gerente bancario de la compañía, cargo que ocupa hasta 1902 cuando se asocia con su suegro y coterráneo Alejandro Suero Balbín. Éste último había trabajado anteriormente en la firma de García de la Noceda con la que mantuvo una sociedad desde 1895 hasta 1897, año en que se separa de la firma, para en 1902 constituir una nueva sociedad con la participación de Esteban Cacicedo, Acisclo del Valle y los herederos de García de la Noceda.

Pero, la influencia del dueto Castaño – Intriago no se detiene ahí; en 1882 surge la sociedad en comandita de Cardona y Cía, la cual estaba constituida por el astur Manuel Hartasánchez Romano y el catalán Gabriel Cardona como socios gerentes, la firma Castaño- Intriago y los asturianos Vicente Fernández Toraño y Francisco Fernández Cabezo, todos como comanditarios. Como se puede apreciar en dicha firma el número de astures es aplastante con respecto a los demás españoles que la conforman.

La firma de Cardona y Cía, a semejanza de la de Castaño – Intriago, también generó importantes sociedades mercantiles dentro del ámbito comercial, como lo fueron la de Bengochea y Cía constituida en 1912, donde el astur Amador Bengochea fungía como gerente y Cardona y Cía lo hacía como socio comanditario.

De Cardona y Cía parte también la firma de Hartasánchez y Sobrinos a través de la figura de Faustino Hartasánchez Gutiérrez, quien fue socio gerente de le mencionada Cardona y Cía primero y luego de Hartasánchez y sobrinos.

Parafraseando aquel refrán que dice “ dinero llama dinero”, podríamos decir de la emigración asturiana que “asturiano llama asturiano”, pues como se ha podido apreciar ya sea por pura coincidencia, o por el sentido del regionalismo y el deseo de ayudar a un coterráneo o la necesidad de estar cerca de una forma u otra de su tierra natal, sus costumbres y tradiciones o quizás también por fuertes razones económicas, lo cierto es que todos los grandes comerciantes asturianos se vieron envueltos en los negocios de siete firmas comerciales de gran magnitud en el último cuarto del siglo XIX y las primeras décadas del XX. Firmas que regían prácticamente el comercio de importación y exportación de la región de Cienfuegos en el periodo estudiado.

PARTICIPACIÓN ASTURIANA DENTRO DE LAS SOCIEDADES MIXTAS.

Los asturianos establecidos en Cienfuegos se dedicaron, en su mayoría a las labores comerciales; para ello fueron conformando sociedades que, podían estar integradas netamente por asturianos, o en sociedades mixtas, es decir, asturianos con españoles de otras regiones, o con cubanos o todos a la vez.

Por lo a general el “astur- cienfueguero”, se asociaba con asturianos en primer lugar, luego con vascos, catalanes y santanderinos, por ese orden de preferencia. No hemos registrado hasta el momento una sociedad mercantil donde se unan los asturianos con gallegos o asturianos con canarios, por solo citar a algunos de los grupos regionales más numerosos dentro de la colonia española establecida en la región.

Castaño –Intriago por ejemplo está compuesta en 1886 por un astur, dos vascos y un cuarto socio que no hemos podido determinar su procedencia; en 1890 García y Cía se compone de un santanderino, y un asturiano, en 1895 el número de astures de esa firma se ve aumentado por el ingreso de Alejandro Suero Balbín.

Al conformarse la firma de Suero Balbín y Valle en 1902 está compuesta por seis asturianos y un santanderino. Por su parte la importante firma Cardona y Cía en el momento de su fundación (1882) estaba integrada por cuatro asturianos, un vasco y un Santanderino, veinte años después en 1902, la misma se compone de tres astures, un vasco y 4 cubanos (herederos del catalán Gabriel Cardona).

Lo mismo sucede con la firma de Villar y Cía, fundada en 1878 por el asturiano Vicente Villar y por el alavence Galo Díaz, años más tarde al irse consolidando la sociedad, se necesita incrementar el capital de la misma y aumentar el personal, por esa razón en 1888 pasa a formar parte de la firma Francisco Villar, hermano de Vicente en calidad de socio gerente. En 1908 nuevos socios aportan sus capitales – Manuel García Inclán y José Alabau Villar- ambos asturianos y uno de ellos con lazos familiares, pues José era sobrino de los gerentes.

Como se puede observar en el anexo VIII, los astures al formar sociedad prefieren hacerlo con sus coterráneos y en el caso de las sociedades mixtas, están presentes en mayoría en casi todas las casas comerciales más importante de la región cienfueguera en el período comprendido entre 1880 y 1920.

A partir de la conversión de Cuba en una neocolonia de los Estados Unidos, los intereses yanquis van a ir progresando paulatinamente en detrimento de los intereses mercantiles, no solo de los comerciantes de origen español, sino también en contra de los cubanos. Los comerciantes de origen hispano lucharon por participar en las ventas de azúcar y tabaco del mercado norteamericano e incrementar las compras a España. Pero la situación política y económica del país, subordinada a los intereses imperialistas de los Estados Unidos y la expansión de su capital monopolista, determinó limitaciones cada vez más fuertes a dichas aspiraciones .

El crac bancario del 1920 y el Tratado de Reciprocidad Comercial con los Estados Unidos van a propiciar la desaparición paulatina de las grandes casas comerciales representadas por comerciantes exportadores- importadores de origen español, establecidos en la ciudad en su mayoría entre 1850 y 1890; las cuales se van a ir debilitando gradualmente, cediendo terreno ante el empuje de las firmas norteamericanas hasta desaparecer de la vida económica de la región. Estos grandes comerciantes y en particular los asturianos, van a dar paso a medianos y pequeños comerciantes que proliferan en gran medida por toda la antigua jurisdicción cienfueguera, dando ocupación a la gran oleada migratoria que se venía asentando en el territorio desde 1900. Por lo que en este período se nota un predominio de la mediana y pequeña burguesía, propietaria de bodegas, tiendas de ropas, peleterías, sastrerías, bares, hoteles, restaurantes y medianos y pequeños negocios de todo tipo.

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Magacín de La Lucha , 1926.

El primer teléfono se estableció en Cuba en el año 1881 y en junio de 1882 se instaló el primero de la ciudad de Cienfuegos, entre las casas comerciales de Castaño e Intriago y la de Hartasánchez y Cardona, distantes entre sí un kilómetro. Ambas firmas contaban con gerentes de origen asturiano.

Ver anexo I.

Edificación de ladrillos con dos plantas y azotea, rematada por una torre mirador; concluida en 1881 a un costo de $90,000.

José García de la Noceda dejó todos sus bienes en herencia a su hermano Manuel quién a su vez testó a favor de sus hijos Josefa, Manuel, Celestino y Faustino García López, residentes todos en Avilés, Asturias.

Alejandro Suero nace en Cué, Asturias. Se embarcó para Cuba a los 12 años con su tío Juan Balbín, ya establecido en la Isla (Santi Spiritus) en el giro textil.

Protocolos Notariales de José J.Verdaguer, escritura del 13 de abril de 1895.

Ver anexo II.

Ver El Fígaro, Habana, Agosto (14,21,28), 1904. No 33,34 y 35.

Escritura 61 del 8 de abril de 1907 ante Pedro Fuxa Seuret.

La Correspondencia , 28 de julio de 1920.

Ver anexo III.

Archivo Histórico Provincial, Protocolos Notariales, Adalberto Ruiz, escritura 97 del 27 de abril de 1920.

La Compañía de Seguros y finanzas “Cienfuegos” se constituyó en 1919, ocupando un fastuoso edificio en la céntrica calle de San Carlos esquina a Hourruitiner, con la participación de: los asturianos Acisclo y Modesto del Valle, Amador Bengochea, el vasco Nicolás Castaño y un grupo de inversionistas cubanos y españoles. El capital inicial fue de 250 000 pesos que muy pronto se elevó a medio millón.

Archivo Histórico Provincial, Protocolos Notariales, Adalberto Ruiz, escritura 97 del 27 de abril de 1920.

Ibídem.

Archivo Histórico Provincial de Cienfuegos, escritura del 15 de octubre de 1891 ante José Verdaguer.

Archivo Histórico provincial de Cienfuegos, escritura del 28 de julio de 1902 ante José Fernández Pellón.

Los herederos de Hartasánchez Romano eran su viuda Dominga Albieza y sus hijos: Damiana, Elza, Agustín y Antonio, residentes todos en la fastuosa quinta “ La Javariega ”, construida por Manuel en el concejo de Llanes de donde era natural.

El capital social de Carona y Cía creció ente 1891 y 1902 unos 55 727, mientras que de 1902 a 1910 aumento casi en un millón de pesos ( 935 266).

Archivo Histórico Provincial, Registro Mercantil. Tomo 4 folio 184.

Ver anexo IV.

Archivo Histórico Provincial, Protocolos Notariales, Víctor. G Bengochea, escritura 171 del 27 de diciembre de 1925.

Ver anexo V.

Archivo Histórico Provincial, Protocolos Notariales de Pedro Fuxa Seuraet, escritura del 9 de junio de 1912.

Archivo Provincial de Cienfuegos, protocolos Notariales de Pedro Fuxa Seuret, escritura del 17 de mayo de 1918.

Archivo Provincial de Cienfuegos. Escritura del 8 de enero de 1878 ante Emigdio Nieto. Hoja 31 Folio 0557729.

Ver anexo VI.

Ver anexo VII

Los asturianos que integran la firma son: Acisclo del Valle, Alejandro Suero y los cuatro herederos de García de la Noceda quienes vivían en Asturias.

García Alonso, Alejandro. Ob.Cit. , p.105.